El alumnado del Grado Maestro en Educación Primaria ha conocido el mito de la Doncella de Corinto. El precioso relato de la chica que quiso retener la sombra de su amado en la pared antes de perderlo, se ha usado para explicar el origen de la pintura y el dibujo, tal como se recoge en numeroso cuadros, y en textos como el de Plinio el Viejo, de casi 2000 años de antigüedad [Historia Natural (libro 35), Siglo I].
Aunque podríamos descartar la teoría de que "el arte de la pintura" de descubriera de esa manera, es una bonita historia para reflexionar sobre un impulso visceral que tiene el ser humano a la hora de capturar imágenes (con fotografía y vídeo, pero antes mediante pintura): un fuerte impulso por retener, inmortalizar, lo que queremos y sabemos que es fugaz. También es un punto de partida interesante para reflexionar sobre la "realidad" que en verdad logramos capturar ¿Cuánto de su amado quedó retenido en la la fría sombra trazada en la pared? ¿Cuándo hemos podido capturar grabando o fotografiando ese momento que sentíamos especial? ¿Acaso no son solo sombras, y el impulso por retener lo efímero es ilusorio?
Aparte de estas reflexiones que despierta la Doncella de Corinto, capturar sombras con carboncillo, como hizo ella, es un ejercicio poético e interesante. Y realmente,... parece capturar algo de esos perfiles.






